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Desengaño

Trama

Lista de capítulos

Relato original

Desengaño, mucho antes de ser un comic fue un sueño, y unas horas después fue un relato. Un relato que marcó mi inicio en el mundo del microrrelato. Mundo del que años después salí aburrido, pero que recuerdo con cariño. El sueño no os lo puedo enseñar, pero el relato es el siguiente:



Era una soleada y fresca tarde de primavera. Como de costumbre, paseaba por el claro del bosque, donde brotan por doquier toda suerte de flores y otros hierbajos. Sin embargo, había algo que no encajaba con el cuadro habitual. Junto a la linde del bosque, donde los árboles se tocaban, se alzaba una raída tienda de campaña de un feo color amarillento.

Me aproximé cautelosamente a la entrada y, curioso, aparté la lona para echar un vistazo en la penumbra del interior. Cuando mis ojos se acostumbraron a la escasez de luz, pude distinguir una jaula de altos barrotes de hierro. En su interior se recortaba la silueta de un ser extraño, una grupa de caballo... no, el torso de un hombre... Rápidamente, mi mente de ávido lector de fantasía se puso a trabajar:

- ¡¡Un centauro!! – murmuré

Sin pensármelo dos veces, atravesé en dos zancadas la distancia que me separaba de la criatura, abrí la portezuela y le tendí mi mano:

- ¡Eres libre, vamos, sal de aquí! – dije apremiante.

Comenzó a alzar muy lentamente la cabeza. El cabello sucio y greñoso le caía lacio hasta los hombros, formando un grueso telón que fue apartándose para dejar a la vista dos trozos de carbón encendido que me atravesaron con su mirada. Una sonrisa grotesca y de dientes afilados como dagas desfiguró momentáneamente su rostro. Alzó poco a poco uno de sus brazos rematado por una mano de dedos huesudos, como patas de araña y tanto o más agudos que su dentadura. En ese momento, mientras su risa desencajada resonaba lejana en mis oídos, supe a ciencia cierta que iba a morir, pero no sentí miedo, solo desengaño. En un arrebato de ira maldije a todos mis escritores preferidos de literatura fantástica, a aquellos que me habían hecho creer en la supuesta nobleza y alto sentido del honor de los centauros, arrastrándome inevitablemente a intentar ayudar a aquel que ahora acabaría conmigo.

Sin embargo, mientras aquellas garras descendían a toda velocidad hacia mi cuerpo pequeño y vulnerable y sus ojos me perforaban con saña, me dije a mi mismo:

- ¿Y si hubieran tenido razón?... Merecía la pena intentarlo...